Nuestro Padre Jesús Nazareno PDF Imprimir

Sevilla, 20 de Marzo de 1597
"Marcos de Cabrera, escultor, otorgo que recibo de Luis Sánchez de Arco, vecino de Utrera, alcalde de la Cofradía de Nazarenos de dicha villa, veinticinco ducados, por la hechura de cabeza, manos y pies, y unas potencias de un Cristo Nazareno que he hecho de escultura y madera de cedro para dicha Cofradía, los cuales Luis Sánchez me ha dado y son en mi poder de que me doy por contento y pagado a mi voluntad."

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 La imagen del Nazareno de Utrera fue tallada para la cofradía en 1597 por el imaginero Marcos de Cabrera, como así consta documentalmente. Es un escultor relacionado con otros artistas de la época -Juan Bautista Vázquez, Jerónimo Hernández, Juan de Oviedo el Viejo...- forjadores de las bases de la imaginería sevillana. Éste ejecutó una escultura en madera policromada, de vestir, y por tanto, sólo están terminadas las partes más visibles: cabeza, manos y pies. Esta expresiva talla, en madera de cedro, representaba la iconografía de Jesús abrazando a la cruz, propia del Renacimiento y que simbolizaba el triunfo de cristo sobre la muerte (por ello, la cruz se portaba como lábaro triunfante). Sin embargo, en fecha desconocida, se le colocó en la posición actual, más acorde con los gustos barrocos y, desde 1881, reproduce la Quinta estación del Viacrucis, ayudado por Simón de Cirene.2.jpg

 

De tamaño natural, con una altura de 1,60 m. (en posición erguida sería de 1,76 m.), tiene el cuerpo algo inclinado hacia adelante, bien apoyado sobre las separadas piernas, a fin de soportar el peso del Madero. Su figura se halla concebida en un compensado "contrapposto" que busca obtener estabilidad a través de una aparente inestabilidad, mediante un juego de tensiones compensadas: el movimiento de la pierna izquierda adelantada queda contrarrestada por la torsión de cintura que propicia un avance del hombro derecho, en tanto todo el peso del cuerpo y cruz bascula en eje sobre hombro y pie contrario. Es una vieja fórmula de raigambre manierista que Marcos Cabrera magistralmente ensaya en esta imagen, como otros artistas contemporáneos.

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El rostro del Nazareno, pese a las transformaciones sufridas en pasadas centurias, es lo más logrado y emotivo de esa singular escultura. Posee rasgos serenos y varoniles; la nariz es recta, de inspiración judaica, y queda prolongada por cejas levemente arqueadas en sus extremos. Su frente es despejada, y en ella se aprecia, surcos y regueros de sangre, y una leve e intencionada deformación de los parietales para ahormar la corona de espinas que es sobrepuesta. Los ojos, de cristal, no originales, matizados al óleo, reflejan con una mirada interrogativa y perdida, la suprema aceptación del sacrificio por la humanidad. Bigote y barbas enmarcan una boca entreabierta, por la que asoma la dentadura superior; están trabajadas con minuciosidad, pero apenas relieve, en zig-zag, mediante una técnica de precisas incisiones, terminando la barba en doble punta. 4.jpg

 

La cabeza, levemente inclinada a la derecha, descansa sobre un pronunciado cuello, bien anatomizado, donde resaltan los músculos esternocleido y escalenos.La imagen fue concebida por Marcos de Cabrera con cabellera de pelo natural sobrepuesta, que ha llevado procesionalmente hasta la primera mitad del siglo XX. No obstante, y pensamos que fue a fines del siglo pasado, se le modeló con estopa y pasta la cabellera que hoy luce, de modelado suave, la que para adaptarla al cráneo motivó la posible mutilación de las orejas.

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En algunas partes de manos y rostro se le aprecia la superposición de hasta tres policromías diferentes. La más moderna, posiblemente de fines del siglo XIX, es de tonos bermellones matizados y acaramelados; la capa pictórica intermedia, característica de fines del XVIII, es de tono base sonrosado, matizada por veladuras obtenidas por tonos tierras y sombra natural. La capa originaria parece corresponder al sistema de pulimento o esmalte, técnica empleada predominantemente por los escultores del siglo XVI. El cuerpo es anatomizado, con músculos pectorales, intercostales y abdominales, con una talla no muy profunda, dado que es imagen para vestir. Las manos levemente crispadas expresan un gesto de serena resignación. En las extremidades inferiores, se esbozan los músculos gemelos y tibiales, en una policromía dominante de finales del siglo XIX.

 

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La imagen ha sufrido diversas restauraciones a lo largo de las centurias. Están documentadas las que se precticaron en 1793 y 1980, si bien fue intervenida a fines del siglo XIX por Escamilla y en nuestro siglo por el escultor Antonio Eslava.
Con respecto a la de 1793, consta que se le talló nuevo cuerpo, se le colocaron ojos de cristal (tareas realizadas por Felipe González) y se encarnó y policromó por Diego Suárez. Desde esta restauración al Señor se le adapta, de manera definitiva, la cruz en la posición que hoy la lleva, con el vástago más largo a la espalda del Nazareno.

En 1881, el escultor local Francisco Escamilla Rodríguez vuelve a intervenir la imagen; posiblemente, moldeó la cabellera en yeso y estopa encolada, añadió pestañas y varió la posición de la imagen para adaptarla al Cirineo. Ya en 1980, José Rodríguez Rivero-Carrera, consolida la fijación de los pies a la peana, resanándolos y sustituyendo el cilindro que tenían en el interior por unas espigas. Sustituyó los brazos; respetó las partes originales -cabeza, manos y pies- si bien intentó restablecer la policromía primitiva. Eliminó las pestañas, matizó los ojos de cristal y mejoró imperfecciones y grietas.

 
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